Festividad Judía- Sucot

25/Sep/2015

Festividad Judía- Sucot

Sucot: No voy a dejarte ir
Por qué Sucot viene justo después de las Altas
Fiestas.
por Rav Dovid Rosenfeld
Pareciera ser que Sucot siempre llega
inesperadamente. Pasamos muchas semanas preparándonos para Pesaj. Las Altas
Fiestas tienen todo un mes preliminar que nos permite revisar nuestras acciones
pasadas y hacer resoluciones para el futuro. Januca y Purim son oasis
largamente esperados durante los largos meses de verano.
Pero Sucot no nos ofrece tal lujo ya que llega
apenas unos pocos días después de Iom Kipur. Cuando recién nos hemos recuperado
del ayuno, nos vemos enfrentados de inmediato a un torbellino de actividades:
debemos construir la Sucá, comprar las Cuatro Especies, cocinar, limpiar,
decorar, etc. Prácticamente no tenemos tiempo de prepararnos mentalmente para
la transición. Pasamos unos agotadores días sumidos en las preparaciones y luego,
repentinamente, comienza Sucot.
Muchos pensadores judíos se han preguntado por
qué Sucot fue puesta en esta posición dentro de nuestro calendario. Tal como
atestigua la Torá, Sucot conmemora las “cabañas” —o Nubes de Gloria—
con las cuales Dios nos protegió en el desierto durante 40 años (Levítico
23:43). Pero si es así, ¿por qué las recordamos justo ahora? Vivimos día y
noche bajo las nubes de gloria por 40 años. ¿Por qué debemos conmemorarlas
específicamente en esta época del año, tan poco tiempo después de Iom Kipur?
En Génesis 30 vemos que nuestra matriarca
Rajel fue bendecida con un hijo sólo después de pasar muchos años de
matrimonio, los cuales estuvieron llenos de tristeza, vacío y rezo. Cando
finalmente nació su hijo, ella lo llamó Iosef. ¿Por qué Iosef? Porque Rajel
quería “que Dios me agregue (“iosef”) otro hijo” (versículo
24). Dios la bendijo con un hijo y ella inmediatamente rezó con fervor que le
concediese otro.
¿No debería haber mostrado Rajel uno poco de
gratitud y haber disfrutado el regalo que Dios ya le había concedido?
La petición de Rajel siempre me llamó la
atención. El mismo día en que Dios la bendijo con un hijo, inmediatamente
comenzó a pedir por el siguiente. ¿No debería haber mostrado un poco de
gratitud por lo que Dios le había dado? ¡Al menos podría haber dicho
“gracias”! Su hermana y co-esposa, Lea, es alabada en el Talmud por
haber nombrado a su cuarto hijo Yehuda porque, como explica ella, “esta
vez agradeceré a Dios” (29:35; Brajot 7b). Si recibes de Dios un regalo
tan preciado como un niño, ¡deberías estar colmada de felicidad! Si Rajel
realmente seguía preocupada por sus problemas de fertilidad, ¡entonces podía
haber esperado un año o quizás dos para empezar a rezar nuevamente! Pero por
ahora, ¿no debería simplemente haber expresado su gratitud y disfrutado el
regalo que Dios ya le había concedido?
Creo que la respuesta es la siguiente. Rajel
se acercó enormemente a Dios gracias a sus dificultades. Ella gritó, lloró y
rezó. Incluso provocó la ira de su esposo Yaakov por su persistencia (30:1-2).
Y, cuando sus deseos finalmente se hicieron realidad, ella tenía un sólo
mensaje para Dios: “No voy a dejarte ir”. Tú me acercaste a Ti, Tú me
hiciste rogar, Tú me hiciste llorar, Tú me hiciste desgarrarme internamente,
comprender mis necesidades y aferrarme a Ti como nunca antes había hecho. Y no
voy a dejarte ir. Voy a seguir rezándote como si nada hubiera ocurrido, voy a
seguir pidiéndote por ese hijo que tanto quería. Nunca había estado tan cercana
a Ti como cuando estaba en necesidad. Y sin importar lo que haya cambiado en mi
vida, no quiero perder esa conexión.
Pero había una diferencia. Ahora Rajel podía
sentirse cercana y conectada con Dios, pero no tenía que ser necesariamente a través
del sufrimiento y la miseria. Todos sabemos que, por muy irónico que parezca,
en realidad nos sentimos más cercanos a Dios durante los momentos difíciles de
la vida, cuando sabemos en nuestro corazón que Dios está hablándonos y
estimulándonos a mejorar. Rajel reconoció esto, pero quiso tomar esos mismos
sentimientos, esa misma intensidad, y aferrarse a ella. No quería que su
gratitud fuera su regalo de despedida para Dios. “Gracias por las
bendiciones. Ahora me voy a olvidar de Ti y me voy a encerrar en mi propio
ocupado y pequeño mundo”. Rajel quería que Él estuviera con ella durante
los buenos momentos tal como lo había hecho durante los tiempos difíciles.
El mensaje principal de Sucot es: “Dios,
queremos quedarnos Contigo”.
Y con esto podemos explicar la progresión
desde las Altas Fiestas a Sucot. En Rosh HaShaná y Iom Kipur sentimos una intensa
cercanía a Dios, pero en un sentido muy solemne y casi intimidante. Sabemos que
Le hemos fallado, que no fuimos tan buenos como deberíamos haber sido durante el
año pasado. Ayunamos, pasamos el día en la sinagoga rezando, y rogamos por
perdón y por tener un mejor año entrante. Y en todas las lágrimas y la
negación, nos sentimos enormemente cercanos al Dios al cual debemos retornar
tan desesperadamente.
El mensaje principal de Sucot es: “Dios,
queremos quedarnos Contigo”. No dejamos IomKipur con una sensación de
alivio. Sufrimos, ayunamos y sólo ahora podemos estar tranquilos. Hemos
limpiado nuestra cuenta, y recién ahora podemos regresar a nuestro usual
estupor y olvidarnos de todo. Pero en lugar de eso, tomamos toda esa cercanía
—todo ese temor—, y lo transformamos en amor. Confiamos en que nos Has
perdonado y en que nos Has concedido otra oportunidad. Y queremos aferrarnos a
esa sensación de cercanía. Pero no en el atemorizante sentido del Día del
Juicio, sino que en el cálido sentido de vivir en la morada de Dios.
Tal como las Nubes de Gloria de Dios nos
abrazaron y protegieron por 40 años en el desierto, nosotros también queremos
tomar esa intima sensación de cercanía que fue despertada por nuestro temor a
la justicia Divina, y queremos utilizarla para acercarnos realmente a Él. El
temor se ha acabado, el juicio ha pasado. Ahora solamente queremos estar con
Dios. Y no vamos a dejarlo ir.